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Gilberto Mejía Sosa primer Párroco de La Maná falleció a los 90 años.

Gilberto Mejía Sosa primer párroco del cantón La Maná falleció a los 90 años, agobiado por los años pero con la satisfacción de un trabajo realizado durante toda una vida. Sus restos mortales fueron velados en la parroquia Pucayacu y sepultados en el Cementerio General del sector.

 

Gilberto Mejía Sosa nació en la parroquia Alangasí el 11 de septiembre de 1927, correspondiente al quinto vástago de una prole de diez hijos. Realizó sus estudios primarios en la escuela Teodoro Wolf de su parroquia natal, en cuya iglesia comenzó su trajinar religioso de manos del padre Gustavo Robayo que lo llevó como acólito a la iglesia de su pueblo natal, para que lo  ayude en la preparación de los cirios y todo lo necesario para efectuar las misas.

 

Posteriormente curso estudios en el seminario menor de San Luis de Quito, para ingresar a este seminario se requería un examen de ingreso, el mismo que logró aprobarlo con la calificación de 48 sobre 50 puntos, lo que le valió obtener una beca que consistía en la exoneración de la pensión mensual de 150 sucres que cobraba el Seminario, el anhelo de su padre era que su hijo continúe con su profesión de artesano escultor, logró graduarse de bachiller en Ciencias Sociales y, posteriormente ingresó al Seminario Mayor San José, ordenándose de sacerdote para el servicio parroquial.

 

Su ministerio eclesiástico lo ejerció primero en Santo Domingo de los Colorados, donde tuvo la oportunidad de relacionarse con el pueblo Tsáchila y aprender algunas frases de su lengua, además de contraer paludismo que debió tratarse en un viaje a Pasto  (Colombia), entre los lugares que ejerció el ministerio sacerdotal se encuentran Píntag, Malchinguí y La Maná, lugar en el cual un amigo suyo,  padre Hugo Salazar, es asignado a La Esperanza de Macuchi, aquí colabora ayudándole con su camioneta en el traslado de sus pertenencias.

 

La jurisdicción del Padre Salazar involucraba las tierras montañosas (selváticas) de La Maná, por lo que también debía visitar este lugar, comenzado a relacionarse con los moradores del sector.

En 1957 conoció a Rosendo Karolys, teniente político de La Maná, quien le pide que se quede como sacerdote de la parroquia La Maná. Para lograr este objetivo el teniente político, junto a las señoras Mélida Jacho y Enriqueta Pérez acuden a la ciudad de Quito a entrevistarse con el Vicario Benigno Chiriboga, logrando a fines de 1958 que el Padre Mejía pase prestar sus servicios como sacerdote de la parroquia La Maná.

 

Una capillita de madera con techo de paja (únicamente la parte del Altar Mayor tenía cubierta de zinc) comenzó el Padre Mejía a celebrar sus posteriores misas, por la carencia de la casa parroquial, junto con sus padres se hospedó en la casa de don Daniel Chica, gracias al apoyo del teniente político.  La única calle era la principal, donde se divisaban unas pocas casas con colonos provenientes de La Esperanza de Macuchi, que producto del cierre de las minas, tuvieron que buscar nuevas formas de subsistencia a través de la agricultura. Al frente de la capilla estaba la plaza llena de maleza, que rara vez era limpiada.

 

Su fecunda labor en beneficio del prójimo y principalmente el dotar de una nueva forma de vida a los moradores de aquella parroquia lo llevó a ejecutar varias obras de vital importancia contándose entre ellas: construcción de la casa parroquial, residencia para las religiosas y ampliación de la iglesia, dotándola de una imagen de San Vicente Ferrer, que se convirtió en patrono de lugar; construcción de cinco kilómetros de carretera hasta el río Guasaganda con apoyo del Prefecto José Terán y de los moradores del sector, esta obra fue inaugurada con la presencia del Presidente del Ecuador, Otto Arosemena Gómez, quien, en compañía del Ministro de Obras Públicas, Aurelio Dávila Cajas, inauguró el carretero y se comprometió, en recompensa al esfuerzo desplegado por la gente, terminar la carretera hasta Pucayacu, lo cual se hizo realidad el 10 de agosto de 1968.

 

Su labor pastoral posteriormente fue desarrollada en la parroquia Mindo del Cantón San Miguel de los Bancos (Pichincha) donde fundó un colegio, durante un año estuvo de visita en New York, cosechando amistad con el Obispo Francis Spellman. Posteriormente fijo residencia en Pucayacu, desempeñándose como Jefe de la Iglesia y activo organizador de la parroquia, contándose entre sus gestiones la creación del Colegio Nacional Pucayacu, siendo su rector por 12 años y  24 años de docencia, para acogerse a la jubilación. En esta parroquia conoció a Carolina Granja, que se convertiría en su esposa, procreando un solo hijo a quien llamó Ángel Gilberto. (P.N. - La Maná)