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¡No suban el salario básico!

 

 

 

 

 

 

Por Gabriela Freire

El Gobierno incrementa el Salario Básico Unificado en un país con inflación negativa, es más, aumentarlo es inútil, incluso no debería existir tal artificio. A su vez, acrecientan el bono de la pobreza dependiendo el número de hijos, incentivando a la gente a no salir de su situación precaria; lamentable que el pueblo pida más de estas dádivas del estado.

 

Ecuador vive un proceso de deflación, puede que sea beneficiosa para los consumidores, porque podrían comprar a precios más económicos. En cambio, para una empresa el impacto depende mucho si esta reducción de costos es compensada con el aumento de ventas o si puede rebajar los costos de producción. Si sucede lo contrario y los precios bajos se mantienen y las ventas no varían, las ganancias de la compañía disminuyen estrepitosamente. En consecuencia, obligar al empresario a subir el salario mínimo en esta situación es contraproducente para el crecimiento económico, debido a que sin crecimiento económico no se puede salir de la pobreza, ni es factible generar empleo.

 

El incremento mencionado es una forma de causar desempleo entre los miembros menos cualificados de la sociedad, es por eso que si los salarios son altos, mayores serán los costos de producción,  cuanto más altos sean los costos de producción, mayores serán los precios, cuanto más altos sean los precios, menor será la cantidad de bienes y servicios demandados y la cantidad de trabajadores empleados para producirlos. El desempleo causado directa e indirectamente por el aumento del salario mínimo requerirá gasto público social adicional y por tanto impuestos más altos o mayores déficit´s presupuestarios para financiarlo.

 

De la mano, el presidente Lenin Moreno hizo efectiva su propuesta de campaña: Incrementar el Bono de Desarrollo Humano según número de hijos, lo cual tampoco mejora la economía del país, para salir de la crisis la mejor política social es permitir que las empresas generen trabajo y que este sea digno, que las personas puedan mantenerse a sí mismas y que no necesiten promesas de los políticos.

 

El nivel de vida no aumenta con leyes y decretos arbitrarios, imponiendo salarios más altos; sino con el aumento en la productividad del trabajo, mientras más ambiciosa sea una ley y busque proteger a cuantos obreros sea posible y se aspire a un incremento de los salarios, será más probable que el perjuicio supere los efectos positivos.

El pueblo necesita obtener una mayor libertad económica, no una mayor intervención pública, como vía para la mejora económica de todos, especialmente los pobres, y lo que menos se necesita es un sistema de limosnas perverso e indigno. Es muy reprochable incentivar y mantener la pobreza con fines de favorecer al político de turno.